Diario de abordo: Egipto

01 abril 2006

He llegado a casa, tarde y hambrienta, lista para cocinar algo rápido. Para mi no-sorpresa, han vuelto a cortar el agua. Afortunadamente tengo un grifo que gotea, y para no desperdiciar el agua, pongo el balde debajo que, al volver del trabajo, está lleno (si no hay corte de agua, porque entonces, hasta rebosa –aunque cae en la pica y no hay problema-). Y digo afortunadamente porqué con ese agua he podido lavarme las manos, con un cacito, y lavar un tomate (que ha acabado en vinagre de todas maneras, para matar los parásitos). El día que no cortan el agua –normalmente el mediodía- el agua no se malgasta, porqué siempre necesito tener el balde lleno para “tirar la cadena”, que no funciona. A ello podemos añadir que desde que llegué (¡medio año ya!) creo haberme duchado por el sistema tradicional sólo dos veces, debido a la poca presión del agua (es decir, con el agua cayendo desde arriba, desde la alcachofa, no lateralmente –lo que me obliga a ducharme de cuclillas- desde el tubo que se utiliza para lavarse las partes más íntimas después de utilizar el servicio). Supongo que todo ello proporciona una idea poco acertada de lo que es Sohag, al fin y al cabo una ciudad, con todas sus ventajas y comodidades; ciertamente es una ciudad, avanzada para lo que puede ser la imagen de esta zona de Egipto, pero no deja de estar en medio del SAID de Egipto, este sur pobre y retrasado en muchos aspectos. Estas pequeñas incomodidades de mi vida en el Sohag, son relativamente nimias si pienso en cómo viven otras muchas personas en esta misma ciudad, por no hablar de las que viven en los pueblos circundantes.