Diario de abordo: Egipto

10 febrero 2006

Acontecimiento histórico: Egipto, anfitirión de la Copa de África, llega a la final... ¡y gana! Y yo estoy allí para verlo!!

Siguiendo el pueblo egipcio como sigue, por lo general, el estereotipo de pueblo mediterráneo (ruidoso, fiestero, alegre, desenfadado, impresentable, de nociones propias del tiempo...), su actuación delante del televisor de un bar donde se emite un partido de fútbol (especialmente uno de estas características) es un espectáctulo inesperado. La gente, atenta –más o menos-, pero sobretodo, silenciosa, parece seguir el partido. Pero no hay comentarios, ni gritos de ánimos, ni silbidos, ni abucheos... a menos de casos demasiado obvios. El ambientillo caldeado, entregado, que he llegado a percibir en España ¡no existe!. Si además se tiene en cuenta que si lo he percibido ha sido a través de la puerta del bar, ni siquiera desde dentro: inevitablemente, cuando hay partido importante, solo hace falta pasear por la calle para notarlo... de hecho es imposible tomar algo y simplemente charlar ignorando el partido. Conclusión de una zaragozana... “obviamente, aquí falta la cerveza”. Quizás tristmente tenga razón... pero realmente seguir una final de esas características sin un constante “ohhh.....ahhhhhhhh.... nooo.... siiiiiii... bieeeennnnn.... maleeesh!!!” se me hizo extranyisimo... además de aburridisimo. A mi no me gusta el futbol, ni lo entiendo.... sólo esperaba ver la pasión de los egipcios entregados al partido... y si en eso me fallaron... no lo hicieron en la celebración.

Una vez superado un partido larguísimo (las dos partes más la prorroga -porque no hubo ningún gol durante los 90 minutos de partido-, más todos los penalties), sin emoción hasta el final, los egipcios salieron de sus casillas. Sorprendidos por la victoria casi imposible ante los oscuros jugadores de Costa de Ivorio, salieron a la calle, a derrapar con los coches y a embotellar la gran ciudad. No se podía avanzar en coche más de cinco centímetros cada media hora; y a pie, era difícil no chocarse con celebrantes, de todas las edades y clases sociales, como manada enloquecida, haciendo tanto ruido como eran capaces. Habían muchas mujeres, familias enteras hasta con bebés diminutos (en Europa lo hubiesemos considerado de la irresponsabilidad más extrema), con la cara pintada, a juego con las miles banderas ondeantes: rojo, blanco y negro. Muchas jóvenes, habían optado por combinar sus velos para la ocasión. Luego, hablando con mujeres del Sohag, me hicieron notar que era la primer vez en la história donde tantas mujeres se habían manifestado públicamente por un acontecimiento eminentemente masculino, como el fútbol (incluso en su presencia en el campo). Parece que el sentimiento de orgullo nacional puede, sobretodo en los países del sur –tuve la misma impresió en Nicaragua- con otros muchos sentimientos e ideas mucho más arreladas.