Aunque había visto, para mi sorpresa, tiendas enteras dedicadas exclusivamente a la venta de pañuelos, no había tenido aún ocasión de entrar en ninguna. Hoy, con Mai, compañera de trabajo en Sohag, después de buscar unas botas marrones para una falda veige en todas las tiendas de la calle 15, cerca de mi casa, faltaba el velo a conjunto. Así que hemos visitado un par de estas tiendas, cuyo colorido no deja de fascinarme. En una de ellas, que era también droguería (donde vendían maquillaje), he encontrado algo que quería desde el primer mes que llegue: un detalle insignificante que acopaña siempre todo velo (casi todos), los alfileres. Los que me fascinan son unos que tienen en la cabeza una minúscula flor de porcelana. Mai no cabía en su asombro al verme tan emocionada or algo tan simple y corriente, y sobretodo comprando como diez de golpe, ¡como una loca!

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