¡Finalmente ha llegado el dinero que esperábamos desde hace cuatro meses!! ¡Finalmente se acabaron los dolores de cabeza! O al contrario... empieza el trabajo duro de verdad: se acabaron los papeleos incesantes y las prorrogas y la reducci’on de actividades y las negativas ante propuestas interesantes. Nuestro financiador (acuerdo italo-egipcio entro los respectivos gobiernos) finalmente se ha decidido, despues de un retraso insoportable (hace dos meses que estamos en n’umeros rojos y estabamos considerando cerrar la oficina y por tanto todas las actividades el mes proximo si no llegaba esta ultima entrega del dinero, por no poder pagar ni los salarios). La noticia ha llegado dos minutos antes de acabar la jornada: ¡ha sido un gran momento!
Mañana me voy para el Cairo, para hacer todos los papeleos necesarios, pagar deudas y bajar dinero contante y sonante para el Sohag. Asi que al final mi reclusi’on no va a durar las tres semanas que pensaba. De todas maneras, no es para quejarse, no he tenido ni un momento para aburrirme o sentirme sola.
Hoy por ejemplo, he decidido ponerme en serio en mi aprendizaje del árabe (sobretodo teniendo en cuenta que en menos de un mes me espera un examen en es España) y he quedado con Mai en la oficina para que me corrijiera los deberes. Ha coincidido (intencionadamente) con un curso de inglés que estan recibiendo cuatro personas que trabajan conmigo. ¡Eso más que una clase parecía una fiesta! De tres horas programadas deben haber hecho máximo dos! Entre que han empezado una hora tarde y han hecho como tres pausas... Así funcionan las cosas aquí... y claro, yo tampoco he avanzado mucho (pero he estado muy entretenida).
Este mediodía había quedado para comer con mis vecinos, que se preocupan incesantemente por mi, sobretodo por mi soledad. Desafortunadamente, con la notícia en la oficina he llegado que ellos ya habían comido, y como ayer en la cena, he comido sola, mientras el marido me daba conversación. Es una familia crisitana muy acogedora, que quiere casi adoptarme; no les gusta la idea de una chica tanto tiempo sola. Me invitan a que coma con ellos, quieren que suba a ver la tele, que me lleve a una de las dos niñas que aún vive con ellos para que me haga compañía... ayer subí para decir que se e había ido la luz y acabé cenando pescado y viendo un rato la tele con el marido (hasta que a las doce yo misma me impuse toque de queda: hay que ser educado, pero hasta un punto). Lo más curios de todo, que casi me mata cuando me invitaron a comer la primera vez, es la manera de comer. Aquel día no comí sola, sinó con la madre y las dos niñas. Empezaron a poner todo de platitos con diversas cosas, cons salsas sobretodo, en la mesa. Yo me asusté porqué pensé que todo era para mi. Cuando les pregunte que dónde comían ellas y dijeron conmigo, no lo acabé de entender. Como una gran familia, las cuatro al rededor de la mesa, cada una con su pedazo de pan solo tenía que ayudarse de éste último y de sus manitas... fue una gran experiencia... me sentí tan patosa, incapaz de manejar el pan y otro producto con una misma mano, sin derramar nada, ni desperdigar las migas por toda la mesa y el suelo. El pan no es el pan ácimo árabe típico, sino como un pan de pagés, más pequeño y chato, en el que hoy he descubierto, antes de partir, le marcan una cruz con un cuchillo, imagino que para bendecirlo. La verdad es que el pan ácimo es mucho más práctico para el fin de ser usado como cubierto, el que usa esta familia cristiana, se desmiga y no tiene fexibilidad. La novedad de hoy, ha sido descubrir que las misas de aquí no se hacen con vino rojo, sino con mosto. Y no es que no beban, porque como me ha informado el padre, Girgis (Jorge), aquí hasta los musulmanes bebe (que una cosa es de cara la galería y otra es en casa). De hecho, me ha sacado una botella de whisky en la que sólo quedaba un culito para que tuviese claro que le tenía que traer del Duty Free la próxima vez que volase a España, nada de estos dulces navideños raros (turrón y mazapán), que para postres dulces ya tienen ellos bastante tradición (casi siempre que los visito, acabo probando alguno; de hecho, durante Ramadán me enseñaron a hacer un tipo: fue muy divertido). La verdad es que es tranquilizador tenerlos a ellos como vecinos, pero hay veces en que me gustarían que entendiesen que un poco de soledad no hace daño, y que al fin y al cabo... si hay internet, sola del todo, no acabo de estar nunca.

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