Diario de abordo: Egipto

19 febrero 2006

Las cosas parecen más animadas en la oficina. Eso requiere una explicación. Ojeando mi último comentario desde Sohag antes de mi larga estancia en el Cairo era sumamente alegere, optimista ante la llegada del dinero que estabamos esperando. Desfortunadamente, como es ya sabido, el dinero no da la felicidad, y a menudo el contrario... dolores de cabeza. Finalmente llegó el dinero, sí, ¿pero cómo podía saber yo que no era tanto y que... resultaba mucho menos si se tenía en cuenta que la misma cantidad inicialmente planeada para seis meses tenía que utilizase hasta junio? Y así está la situación: después de dos semanas angustiantes en el Cairo, intentando entender la lógica del proyecto para justificar una extensión de tres meses, casi sin dormir y sin días libres (a este punto poco me importaba estar en el Cairo o en el Sohag, puesto que mi vida era igual de aburrida, absorta totalmente por el trabajo), conseguí presentar la documentación adecuada; de manera que hace dos días que es oficial que el proyecto sigue abierto hasta junio (y por lo tanto que yo también me quedo por estas tierras almenos hasta entonces). Pero obviamente, eso a supuesto una serie de cambios, sobretodo recortes en muchos de los hábitos de la oficina en Sohag, que a nadie han gustado (a nadie le gusta apretarse el cinturón). Así que, entre las reducciones de actividades, gastos y hasta personal... más que una coordinadora de proyecto de desarrollo social, hubieran necesitado una psicóloga (yo incluida) o una cheer leader. El hecho que yo este aquí con ellos, atosigándolos con cosas que hacer, ideas nuevas y esperanzas en nuevos proyectos (ahora estamos escribiendo una propuesta de lucha contra la violencia cotra las mujeres para presentar en breve a la U.E.) parece que ha animado un poco la cosa. Por eso, hoy me siento un poco más animada, con cierta dosis más de esperanza. A ver cuanto nos dura.

Pese a ello, el fantasma de la gripe aviar pulula sobre nosotros. La coordinadora egipcia, Naglaa, tiene sintomas de gripe desde ayer... hoy se ha ido a casa antes de la hora de cerrar. Todos hacemos bromas, pero en realidad estamos muertos de miedo... no tiene casi posibilidades de que el problema sea mayor que un resfriado común... pero y si fuese algo más? Los sintomas son los mismos... yo, hipocondríaca por excelencia, tengo el moquillo suelto desde ayer, hoy ya me duele la garganta y la cabeza.... espero que la paranoia no se desate... total, si he pillado la gripe de los pollos, hay ya poco que hacer: no tiene solución.

Para acabar el día con un poco de optimismo, adjunto una foto curiosa... ¿cuál es el aceite de oliva de importación más preciado en Egipto? Pues “l’oli d’oliva Borges” y digo preciado por su precio (36,5 Libras Egipcias, casi más de 5€), no por su fama (obviamente nadie conoce ese nombre, y menos que sea aceite catalán) ni por lo que lo aprecian: “¡El aceite de oliva tiene mal gusto! Preferimos mil veces la grasa animal (de bufalo)”. Quien iba a pensar eso, en un país mediterráneo como este! Aunque la verdad es que lo que es olivos, todavía no he visto ninguno.

18 febrero 2006

Ya ha llegado la gripe aviaria a Egipto. Hace días que corren voces sobre el peligro que acecha desde Turquía. Finalmente es una realidad, y me he topado con ella como nunca hubiese imaginado que una epidemia de esta índole pudiera hacerlo. Sohag, pese a ser una ciudad, tiene caracteristicas bastante rurales, y aunque no fuera por ello (las pollerías repletas de todo tipo de aves vivas esperando a ser degolladas a elección de su comprador), nuestro trabajo desde la ONG es principalemente en pueblos. No sólo la presencia animal en estos pueblos es inevitable, sino que una gran parte de las beneficiarias de nuestro programa de Microcredito practican el “cultivo” de gallinas como medio de subsistencia. Desde ayer (en las noticias se anunció oficialmente la entrada de la gripe a las cinco de la madrugada) que se da vueltas al tema. Hoy, de vuelta en la oficina (ayer viernes era nuestro día libre) ha sido el primer tema de la agenda de nuestra reunión semanal. El pánico impera, todos se preguntan qué sucederá a estas mujeres si mueren los animales comprados con el préstamo de nuestro programa, mujeres por lo general cabezas de familias con pocos o ningún otro ingreso. Yo me planteo qué es lo que nosotros podemos hacer si así sucede. Pero sobretodo, sufren por ellos mismos, y por los compañeros más expuestos a riesgo de contagio. Yo, obviamente, prefiero pensar que todo queda muy lejano (si más no, yo hace más de un mes que con todo el trabajo de oficina no pongo pie en el campo...); de todas maneras, tengo la impresión que este más cerca de lo que quiero creer.

14 febrero 2006



Día de los enamorados. Desde ayer mi escalera no deja de recordárnolos. Nada y yo vivimos como dos reinas, con flores desde el pie de la escalera hasta la misma puerta de casa. De hecho, como subimos los dos pisos a pie, tenemos incluso que saltar un gran ramo de flores rosas y blancas que estratégicamente separa el último peldaño de la escalera de nuestro replano. Realmente el que las colocó estrategicamente no contaba con que alguién prefería subir a pie al ascensor (claro, ¡es que no somos egipcias!).


Podría presumir de los miles de admiradores egipcios, que además de su habitual empalago lingüístico e imagines extraempalagosas (aunque ciertamente agradecidas), se regalan con flores. De todas maneras sería demasiado. Todo el gozo en pozo: simplemente la floristería de justo delante de casa utiliza, la entrada de nuestro edificio para almacenar el estock excesivo de plantas o flores, según la época, por lo general se trata sólo de esta parte del inmueble. De hecho, durante navidades, justo cuando nos mudamos, era mágico pasar de los avetos que se apelotonaban en la acera de enfrente, para cruzar una selva hasta las rodillas de rojo de planta de navidad. Fue un desencanto volver de Barcelona para ver que todo había desaparecido. Y una gran sorpresa, descubrir las flores del amor ahora en febrero... pero esta vez llegando hasta el segundo piso... parece que el reclamo comercial de esta fecha es mayor que el navideño... o que los grandes ramos son más ostentosos que las humildes plantas rojas de navidad, que ocupan mucho menos. Parece ser que vamos a vivir muy de cerca los diferentes acontecimientos anuales que pueden ser de alguna manera celebrados con flores.

De todas maneras, mi día de San Valentín lo he pasado en coche (ni que hubiera un día de San Valentín digno de mención en mi vida... simplemente insisto porque aquí esta fecha si que es relevante –obviamente nada tradicional, sino vinculado a la cada vez más intrusiva cultura yankee-). Por primera vez he ido del Cairo al Sohag en coche... eterno. En primer lugar porque no me parecía bien dormirme cuando viajaba sola con el conductor... así que más de seis horas sin poder leer y luchando por no caerme dormida. Por suerte, lo que yo pensaba serían las horas más angustiosas en silencion por no poderme comunicar... y no fue así. Obviamente no fueron las conversaciones más profundas de mi vida... ¡pero hubo conversación! Y no quiero presumir de mi árabe, que sigue casi inexistente...hay que dar gracias al lenguaje internacional de los gestos.

El paisaje me sorprendió tanto... nada que ver con mi imagen bucólica de las verdes y frondosas orillas del Nilo, con Palmeras y lo que parecen, a mi inexperto enteder, arrozales. Nada del agua sucia que esconde el sol, en ascenso o descenso: agua que no es el Nilo, sino de uno de sus canales (tambié nuevo descubrimiento: ¿cómo no me había dado cuenta antes de que el Nilo es immenso, ancho, rico... no una corriente de agua que acompaña por un lado la carretera peligrosa y por otro la vía constante..?

Con estas ideas de verdura y humedad, me sorprendió el desierto en su inmensidad: ante mi la carretera infinita, que se pierde en el horizonte, sin apenas coches. A lado y lado, la nada. Inerte, seco, tostado triste... eso es el desierto. Y apenas saliendo del Cairo, ¡llueve!! La primera lluvia que siento en el Cairo. Cuando volví de Navidades habían restos de lluvia en las aceras, encharcadas en cada socabón sin reparar. Pero, saliendo del tumulto caótico, en el principio del desierto, llueve. Cuatro gotas, ni dos minutos; pero llueve en Egipto.

Vamos dejando a nuestro paso, a nuestra izquierda, junto con el gran Nilo, Beni Suef, pero en Minia, nos adentramos en el torbellino urbano, para llegar al “murur”, locales de la policía de tráfico. Es entonces que me entero (y todo esto en árabe) que mi conductor, Heni, cristiano simpatiquísimo que trabaja en el proyecto casi desde sus inicios, viaja sin carnet de conducir... se lo requisaron los policías en su subida al Cairo, por exceso de velocidad... No lo culpo, esas carreteras soliarias, largas como un día en coche del Cairo al Sohag, rectas e imperturbables... Dejamos Minia atrás, habiendo perdido casi un ahora en el desvío necesario... y estamos conduciendo paralelos a la otra orilla del río, en el otro desierto. Asiut.

Me impresiona pensar que poco más allá de la actividad frenética y vital que identificaba en las orillas del río en mis viajes mensuales como la normalidad, no es más que un espejismo, un lujo del agua sagrada... poco más allá del Nilo no hay nada. Y conducimos por el desierto. “¡Qué bello!”, exclama Heni.. “pues el que viene ahora es aún mejor”. ¿Otro desierto? Si. Y ciertamente sus congostos pasos entre paredes rocosas son espeluznantes; y esas dunas grises que reberberan bajo el sol... una belleza triste, casi sublime. Y acaba el desierto, enredadera de carreteras y puentes... estamos ya en el Governorato de Sohag. Aún tardamos más de media hora en llegar a la ciudad... Ya ha oscurecido cuando acabamos de recorrer los 535Km. que separan el Cairo del Sohag.

10 febrero 2006

Acontecimiento histórico: Egipto, anfitirión de la Copa de África, llega a la final... ¡y gana! Y yo estoy allí para verlo!!

Siguiendo el pueblo egipcio como sigue, por lo general, el estereotipo de pueblo mediterráneo (ruidoso, fiestero, alegre, desenfadado, impresentable, de nociones propias del tiempo...), su actuación delante del televisor de un bar donde se emite un partido de fútbol (especialmente uno de estas características) es un espectáctulo inesperado. La gente, atenta –más o menos-, pero sobretodo, silenciosa, parece seguir el partido. Pero no hay comentarios, ni gritos de ánimos, ni silbidos, ni abucheos... a menos de casos demasiado obvios. El ambientillo caldeado, entregado, que he llegado a percibir en España ¡no existe!. Si además se tiene en cuenta que si lo he percibido ha sido a través de la puerta del bar, ni siquiera desde dentro: inevitablemente, cuando hay partido importante, solo hace falta pasear por la calle para notarlo... de hecho es imposible tomar algo y simplemente charlar ignorando el partido. Conclusión de una zaragozana... “obviamente, aquí falta la cerveza”. Quizás tristmente tenga razón... pero realmente seguir una final de esas características sin un constante “ohhh.....ahhhhhhhh.... nooo.... siiiiiii... bieeeennnnn.... maleeesh!!!” se me hizo extranyisimo... además de aburridisimo. A mi no me gusta el futbol, ni lo entiendo.... sólo esperaba ver la pasión de los egipcios entregados al partido... y si en eso me fallaron... no lo hicieron en la celebración.

Una vez superado un partido larguísimo (las dos partes más la prorroga -porque no hubo ningún gol durante los 90 minutos de partido-, más todos los penalties), sin emoción hasta el final, los egipcios salieron de sus casillas. Sorprendidos por la victoria casi imposible ante los oscuros jugadores de Costa de Ivorio, salieron a la calle, a derrapar con los coches y a embotellar la gran ciudad. No se podía avanzar en coche más de cinco centímetros cada media hora; y a pie, era difícil no chocarse con celebrantes, de todas las edades y clases sociales, como manada enloquecida, haciendo tanto ruido como eran capaces. Habían muchas mujeres, familias enteras hasta con bebés diminutos (en Europa lo hubiesemos considerado de la irresponsabilidad más extrema), con la cara pintada, a juego con las miles banderas ondeantes: rojo, blanco y negro. Muchas jóvenes, habían optado por combinar sus velos para la ocasión. Luego, hablando con mujeres del Sohag, me hicieron notar que era la primer vez en la história donde tantas mujeres se habían manifestado públicamente por un acontecimiento eminentemente masculino, como el fútbol (incluso en su presencia en el campo). Parece que el sentimiento de orgullo nacional puede, sobretodo en los países del sur –tuve la misma impresió en Nicaragua- con otros muchos sentimientos e ideas mucho más arreladas.