Diario de abordo: Egipto

07 junio 2006

Todo el mundo se lamenta de que hace calor, pero que especialmente en el sur de Egipto, que el Sohag es uno de los lugares más cálidos (obviamente Aswán lo es más, cuanto más al sur, más calor). Y sí, calor hace, no lo voy a negar; pero hay que reconocer que los espacios para detectarla son pocos: las oficinas tienen todas aire acondicionado, en casa funcionan los ventiladores, en el tren te congelas... en los taxis, por eso, te tuestas (es uno de los sitios donde le calor se hace más palpable). De todas maneras, no he notado para nada los extremos de los que sehablan, aunque haya sido afortunada –pese a la opinión contraria de los que me rodean- porqué en ninguna de las oficinas en las que trabajo funciona bien el aire acondicionado (en el Cairo, para nada, y en el Sohag, el aire sale poco frío debido a las altas temperaturas del aire exterior). Y digo afortunada porqué no puedo soportar el aire frío y artiricial del aire acondicionado que me reseca la garganta y me costipa... soporto mucho mejor la calor. De hehco la soporto tanto que me parecía imposible cuando hoy en el Sohag me han comentado que debíamos estar a más de cuarenta grados –lo que ya me parecía increible porqué aunque soy fatal en las percepciones numéricas, cuarenta suena a mucho-. Así que cuando me han comentado que probablemente podíamos estar a cincuenta sin saberlo, ya ni me lo creía. Lo gracioso de la frase es el “sin saberlo”. Resulta que oficialmente pocas veces se llega a esa temperatura, aunque los sohaguianos bien saben lo que es sufrir esa cantidad de grados sobre su piel. Y no se llega a ella, porqué el gobierno, evita aceptar que es así porqué ¡está legalemente establecido que nadie puede ir a trabajar con esas temperaturas! Bromean en Sohag, con total tranquilidad e impasibilidad, que si el govierno publicase la temperatura oficial en Said (el sur de Egipto) tendrían al menos tres meses de vacaciones pagadas.