Vuelvo a estar en Sohag, después de viajar toda la noche, llegar aquí a las cinco de la madrugada, dormir un poco y trabajar todo el día, estoy muerta. Sobretodo porque mi compañero de viaje me dio bastante palique no dejandome dormir todo lo que hubiese querido. Shirif, un policía secreta (aunque no mucho porque lo primero que le vi al sentarse a mi lado fue la pistola. Cabe mencionar que ya es la segunda pistola real que veo tan de cerca desde que estoy en Egipto. Ahmed Raafat, nuestro “financial manager” ¡lleva una en el coche! Nos la enseñó el mes pasado cuando vino a visitar el proyecto; comentó que viajando al SAID –sur de Egipto-, nunca se sabía... ¡y yo vivo allí!). Pues Shirif era la primera vez que iba a trabajar a SAID: a Bilnana, a media hora de mi parada, para trabajar en el turístico templo de Abi Douz. Estaba para nada contento y bastante enfadado: no encontraba justo que le tuviese que tocar trabajar en un lugar de la estrechez mental del SAID. ¿Qué tipo de vida iba a llevar? Su período laboral es quinze días seguidos en SAID, que luego se premian con diez de vacaciones de nuevo en El Cairo. Ese tipo de distribución espacial dice mucho de la consideración sobre SAID por parte de los cairotas, al igual que su estupefacción, como la de muchos otros, al enterarse de que yo trabajó en SAID. Si para un egipcio no SAIDI es un suplició una idea tal... ¿cómo no lo va a ser para un europeo? Realmente yo no lo vivo así, me va muy bien un período al mes de tanta calma y desconexión del mundo... pero ¿y si tuviese que vivir fija aquí, por tres años, como mi predecesora? Creo que la cosa cambiaría.
Jessica, esa santa que sobrevivió aquí por tanto tiempo cambó muchísimo en su manera de pensar, actuar, comportarse... estuvo incluso prometida con un egipcio del SAID! Por suerte, hacia el final de su estancia se dio cuenta de que estaba siendo absorbida por esta comunidad tradicionalmente cerrada y poco flexible y abandono el velo y vestidos extremadaente tapados. Ella afirmaba, de todas maneras, que manga tres cuartos era impensable en un lugar como este. Pero hoy me han hecho notar que Reham, musulmana sin velo, hoy llevaba camiseta corta... ciertamente quizás el verano no sea tan terrible como he empezado a temer. Desde anteayer, en el Cairo ya hacia temperatura de verano, incluso por la noche: salí con una camisa de lino y sentí que era una noche estival como una cualquiera de mi infancia en Coma-ruga. Todos amenazan que esto no es nada... y yo que me moría por que llegase el buen tiempo... ha llegado, ya en marzo; el único problema es que durará solo un mes... ¡después será insoportable! Sobretodo porque no pienso depilarme el vello de los brazos: es condición indispensable, si vas a ser tan descarada como para llevar camiseta corta o tres cuartos (ni pensar tirantes, claro), que te depiles los brazos. La mezcla que hacen entre depilación e higiene te obliga en cierta manera a esta práctica, porque si se ven ciertos pelos... eres una marrana. Imaginád, lo contraria que he sido siempre yo a la depilación, considerada por mi una imposición machista y injusta... y aquí, ya he empezado a algo que siempre me había negado, las cejas... ¿serán los brazos el próximo paso? Jessica, obviamente también cambió en eso. De hecho, yo me había hasta llegado a quitar los piercings (lengua y nariz) cada día al salir de la calle, pero ya no lo hago... es tan fina la línea que separa el respeto hacia una comunidad y su cultura y la del individuo... sobretodo cuando el concepto de individuo es tan poco relevante en esa comunidad.
Jessica, esa santa que sobrevivió aquí por tanto tiempo cambó muchísimo en su manera de pensar, actuar, comportarse... estuvo incluso prometida con un egipcio del SAID! Por suerte, hacia el final de su estancia se dio cuenta de que estaba siendo absorbida por esta comunidad tradicionalmente cerrada y poco flexible y abandono el velo y vestidos extremadaente tapados. Ella afirmaba, de todas maneras, que manga tres cuartos era impensable en un lugar como este. Pero hoy me han hecho notar que Reham, musulmana sin velo, hoy llevaba camiseta corta... ciertamente quizás el verano no sea tan terrible como he empezado a temer. Desde anteayer, en el Cairo ya hacia temperatura de verano, incluso por la noche: salí con una camisa de lino y sentí que era una noche estival como una cualquiera de mi infancia en Coma-ruga. Todos amenazan que esto no es nada... y yo que me moría por que llegase el buen tiempo... ha llegado, ya en marzo; el único problema es que durará solo un mes... ¡después será insoportable! Sobretodo porque no pienso depilarme el vello de los brazos: es condición indispensable, si vas a ser tan descarada como para llevar camiseta corta o tres cuartos (ni pensar tirantes, claro), que te depiles los brazos. La mezcla que hacen entre depilación e higiene te obliga en cierta manera a esta práctica, porque si se ven ciertos pelos... eres una marrana. Imaginád, lo contraria que he sido siempre yo a la depilación, considerada por mi una imposición machista y injusta... y aquí, ya he empezado a algo que siempre me había negado, las cejas... ¿serán los brazos el próximo paso? Jessica, obviamente también cambió en eso. De hecho, yo me había hasta llegado a quitar los piercings (lengua y nariz) cada día al salir de la calle, pero ya no lo hago... es tan fina la línea que separa el respeto hacia una comunidad y su cultura y la del individuo... sobretodo cuando el concepto de individuo es tan poco relevante en esa comunidad.


De nuevo a la cera dulce: solo hay que volcarla sobre una bosa de plástico, para evitar que se enganche en cualquier sitio.