Diario de abordo: Egipto

21 noviembre 2005

¡Esta noche finalmente he salido de casa!, para hacer lo único que se puede hacer al atardecer en el Sohag: pasear por la calle principal. Y no es que sea una paseo pensado para esa función; es simplemente la calle más ancha del Sohag, y por ello la más transitada. El paseo consiste en, caminar a lo largo de la misma por el asfalto entre coches ruidosos en movimiento y aquellos apacados. No es que no haya aceras; haberlas haylas, pero demasiado incómodas: altísimas, tanto que es verdaderamente un esfuerzo gimnástico subirlas y bajarlas a cada cruce (supongo que una razón urbanísitca habrá, como por ejemplo evitar que llegue el agua en época de lluvias -¿habrá época de lluvias en Egipto?-), y están bellamente surcadas de árbolitos a cada dos pasos, aunque tan desafortunadamente plantados que ocupan casi todo el espacio de la acera provocando un incómodo continuo esquivar del pobre peatón. Por ese motivo, la calle principal del Sohag cuando oscurece parece unas Ramblas de coches y gente.
He salido a pasear con dos chicas que apenas conocía: Mai y Rasha. La primera la conocí en unas entrevistas que estamos realizando en las escuelas de primaria. Ella es la profesora de inglés en una de ellas (Al-Azahar, escuelas de orientación religiosa). Supongo que por la afinidad laboral aunque empiezo a dudarlo puesto que hoy al comentar a su amiga que yo soy profesora de ingés ella a parecido gratamente sorprendida) me pidió el número y me propuso de quedar. Y dos días más tarde me ha llamado. Ha sido toda una experiencia pasar la tarde a la sohaguiense, puesto que además del paseo, he bebido mientras caminaba una sopa de garbanzos que imagino toman para entretenerse y calentarse (aunque el frío no es tan terrible como debe ser ahora en Barcelona, ni como me han dicho que llegará a ser aquí en un mes).
En cuanto a la compañía, ha sido verdaderamente grata; Mai y Raisha son dos buenas chicas, sencillas y con ganas de conocer más (no me extraña puesto que la novedad en Sohag es bien limitada); lo que pasa es que el nivel de inglés de Mai, pese a tener el título universitario en esa lengua, no es extremadamente alto, y el de su amiga Rasha es casi tan bueno como el mío de árabe (casi inexistente, aunque cabe decir que si algo ha sido el paseo, es útil para mi poco árabe: ¡las cuatro expresiones que sé las he utilizado!). Eso ha provocado que la conversación no llegase a grandes extremos pese a las dos horas de caminata, pero vaya, ¡también era el primer día que hablábamos! El caso es que entonces han empezado ha preguntarme cosas que me han hecho sentir un poco incómoda; tipo que si estaba prometida, que por qué no llevaba anillo, que cuáles eran los límites de mi relación (a lo que me he hecho la longuis, verdaderamente no entendía la pregunta, pero tampoco me quería arriesgar a hacerlo por no querer hablar directamente de según que temas con ellas; al final se ha solucionado con su pregunta sobre si vivía con mi pareja), que por qué no vivía con mi familia... la verdad es que me he sentido tan lejana a su realidad que me costaba hablar sincera y abiertamente porque cualquier explicación que les pudiese dar me parecía demasiado indecente para su concepción sobre esos temas, sobretodo siendo chicas que no parecen haber tenido mucho contacto con extranjeros. Por ejemplo, cuando les he contestado que no vivía con mi pareja, han puesto cara de aliviadas y han comentado que en las películas se ve como la gente vive en pareja aún y no estando casados. Obviamente e insistido en que eso es completamente normal, aunque me he alegrado de no tener que afirmar delante de ellas que yo era uno de esos casos. De la misma manera, han insistido que para irse de casa era necesario el consentimiento paterno, y aunque no lo han dicho expresamente, se las veía contrariadas ante mi decisión de vivir sola cuando eso había supuesto en mi família un sentimiento positivo pero a la vez de tristeza.
No sé cómo seguirá la cosa, ellas tienen ganas de quedar conmigo, y la verdad es que me parece una oportunidad excelente tanto para aprender algo de árabe cómo para conocer mejor esta cultura, pero de todas maneras para que vaya bien tengo que superar este sentimiento de culpabilidad por el mero hehco de ser occidental y pensar o hacer lo que hago con mi vida. Parece mentira como cambian las cosas vista desde otra óptica; me he llegado a sentir mal por hacer lo que siento y quiero por tal de conducir mi vida, cuando desde España habría puesto el grito en el cielo al pensar en su incapaciad de decisión en un tema tan simple como podría ser irse de casa. ¿Cómo deben sentirse ellos cuando llegan a nuestro país con unas convicciones tan diferentes a las nuestras?