Diario de abordo: Egipto

28 septiembre 2005

Primer encuentro a solas con la ciudad. No esperaba que fuese tan pronto. Y no ha sido tan grave. Suerte que ayer ya había estado allí con Doménico y que de buena mañana antes de abandonarme a mi suerte me ha encaminado. Voy a la embajada española. El policía es extremadamente amable y paternal. La funcionaria me transmite la sensación de que no le importa nada lo que me pueda pasar, a menos que vaya a estar un mínimo de seis meses en el país.

12:50. Oigo lejano (demasiado cercano para lo que realmente lejos puede que esté) una llamada a rezar desde, me imagino, un minarete. “In ufficio” (en la oficina), estoy como aislada del mundo. Se oye el tráfico, lejano. Casi no se oyen bocinas.

Después de cenar vamos a tomar algo al Orange, lugar con clase y estilo, donde conozco un grupito de europeos amigos de Nada y Doménico, entre los que destaca un estadounidense(su acento lo delata) de origen (sus padres) egipcio, Ashur, y un egipcio bastante europeizado, Mahmoud. Más tarde llegan otros tres egipcios conocidos de una de esas europeas, holandesa creo, pero que no forman parte del grupillo, se nota. Es el contacto con primera mujera árabe: Mona. Me encanta. Ríe mucho y tiene una relación bien curiosa con su profesor de aikido (primera cosa que me sorprende, que hayan clases de aikido en el Cairo, una arte marcial, y que una alumna participe, y más siendo el profesor un hombre). No paran de pelearse pero se tienen un cariño inmenso: me recuerda a la relación infantil de “los que se pelean se desean”. Ella me gusta porque tiene carácter, aunque intenta disimular con sus ataques de rabia y pucheros fingidos que él le gusta. El tercero es un chico que enseña salsa en el local donde se celebrará mañana la fiesta de despedida de Ashur. Este nos acompaña amablemente en coche hasta el CairoJazz Club pese a argumentar que es un mal lugar, que no le gusta porque allí venden alcohol y la gente va allí a emborracharse. Nosotros vamos sólo a bailar.