Hoy me he percatado de algo bastante básico: el sistema de créditos y préstamos es “haram” en el islam (está totalmente prohibido). De ahí una de las razones por tanta enemistad con los judíos que por siglos se enriquecían de “las debilidades de los necesitados”, mientras ellos no lo podían hacer (y digo una, porque en estos momentos creo que la situación en Palestina pese mucho más, o en el caso de Egipto, las recientes guerras disputandose el Sinaí contra Israel). Eso me lleva a preguntarme como es la situación en la religión cristiana respeto a los préstamos. No creo recordar que haya ninguna especificación al respeto, aunque por muchos siglos la usura también estuvo mal vista y eran los judíos los únicos en practicarla. De todas maneras recuerdo un comentario de mi madre sobre la nueva versión del “Padre Nuestro” que yo tuve que aprender, diferente a la que aprendiera ella: “De ‘perdona nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deurdores’ en la versión más reciente –la que yo aprendí- se ha pasado a ‘perdona nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden’...”. Eso me hace pensar como los cristianos, por si las moscas, prefirieron curarse en salud al respecto...
El tema ha suscitado hoy cierto malestar. Estamos gestionando un proyecto de micro-credito, como uno de los servicios que ofrece la ONG, desde hace tres años. El grupo al que se dirige mayoritariamente son mujeres cabezas de família de renta baja. Por ese motivo, las condiciones de los préstamos son realmente buenas (intereses del 12% anual), bajas comparativamente con los bancos –obviamente-, pero incluso con respecto a otras oragnizaciones internacionales sin ánimo de lucro. El problema que ello conlleva es que ese mínimo interés es tan mínimo que no permite que el proyecto se sotenga por sí mismo, es decir que se lleguen a cubrir si quiera los gastos de implementación del proyecto (salarios, papeles y fotocopias, la gasolina para el coche que transporta los supervisores del programa o aquellos que entregan el dinero, etc.). Hace tiempo que se piensa y se intenta diseñar un programa que empiece a dirigirse hacia la sostenibilidad del programa de microcredito. Se ha considerado necesario ampliar el número de clientes (o beneficiarios –según la óptica o terminología-) y por otro lado, empezar a cubrir ciertos gasto con esos intereses –todos ellos ahorrados hasta el momento-, y MAIS seguiría apoyando en los gastos que el programa de microcredito no pudiera sufragar. Este planteamiento, que por otro lado todo el mundo conocía de antemano y que tiene en mente desde hace tiempo, porqué desde hace mucho que se lleva hablando (antes de que yo entrara en el proyecto incluso), hoy al comunicar la intención, ha suscitado indignación...entre algunos miembros de a ONG, tanto musulmanes como crisitanos. “¿Cómo, recibir nuestros salarios de los intereses?... eso no está bien” .
La verdad es que quiero intentar ser comprensiva, y no me gustaría que nadie dejara el proyecto por debates morales... Ahora mismo estoy en proceso de análisis de las contradicciones en esa actitud reticente y opiniones religiosamente convencidas totalmente divergentes. La teoría en que se basa el rechazo moral del préstamo es la de no aprovechar los problemas y debilidades del otro para el enriquecimiento personal. Esa es una de las razones por la que el proyecto, desde un inicio no se plantea como una obra de acción social de solucionar los problemas de los más necesitados, sinó de mejorar sus condiciones de vida a través de ofrecerles la posibilidad de iniciar un proyecto económico. Nunca se ofrece únicamente un préstamo para cubrir necesidades, Naglaa (musulmana convencida) me comentaba que en ese caso, se intenta derivar a la persona necesitada hacia quien pueda ayudarla de una forma más “moral”, pero nunca con un préstamo. Así, que desde un inicio, el mismo planteamento del microcredito ya rehuye el principio que niega moralmente esta práctica, y a ello le podemos sumar que, obviamente, el interés que se pide a la persona, no sólo es mínimo, sinó que además no tiene ánimo de enriquecimiento, sinó permitir la simple prosecución natural del mismo proyecto para que pueda seguir beneficiando a otras personas.
El primer comentario de rechazo ha venido principalmente de una cristiana –por lo tanto se mezclan conceptos más culturales que religiosos, si no peco de ignorante sobre la religión cristiana ortodoxa (rama a la que pertenecen los coptos). Luego, de alguién que lleva trabajando en el proyecto de microcredito (por lo tanto ofreciendo los créditos) desde el principio. Esto último me hace dudar en que, si relamente es tan negativo lo de hacer préstamos, ¿no lo es en la misma medida ofrecerlo y facilitarlo como vivir de él? ¿Y qué decir de sus salarios acutales, que provienen de un programa de reconversión de la deuda que Egipto contrayó tiempo há y que aún está repagando, por lo tanto, en cierta manera involucrando conceptos varios de préstamos e intereses? He aquí nuevos dilemas morales... y nuevos conocimiento sobre esta cultura que me rodea, de la que no puedo generalizar ya que no se ponen ni si quiera deacuerdo entre ellos (vaya, como en España, no hace falta venir tan lejos para encontrar opiniones divergentes).
El tema ha suscitado hoy cierto malestar. Estamos gestionando un proyecto de micro-credito, como uno de los servicios que ofrece la ONG, desde hace tres años. El grupo al que se dirige mayoritariamente son mujeres cabezas de família de renta baja. Por ese motivo, las condiciones de los préstamos son realmente buenas (intereses del 12% anual), bajas comparativamente con los bancos –obviamente-, pero incluso con respecto a otras oragnizaciones internacionales sin ánimo de lucro. El problema que ello conlleva es que ese mínimo interés es tan mínimo que no permite que el proyecto se sotenga por sí mismo, es decir que se lleguen a cubrir si quiera los gastos de implementación del proyecto (salarios, papeles y fotocopias, la gasolina para el coche que transporta los supervisores del programa o aquellos que entregan el dinero, etc.). Hace tiempo que se piensa y se intenta diseñar un programa que empiece a dirigirse hacia la sostenibilidad del programa de microcredito. Se ha considerado necesario ampliar el número de clientes (o beneficiarios –según la óptica o terminología-) y por otro lado, empezar a cubrir ciertos gasto con esos intereses –todos ellos ahorrados hasta el momento-, y MAIS seguiría apoyando en los gastos que el programa de microcredito no pudiera sufragar. Este planteamiento, que por otro lado todo el mundo conocía de antemano y que tiene en mente desde hace tiempo, porqué desde hace mucho que se lleva hablando (antes de que yo entrara en el proyecto incluso), hoy al comunicar la intención, ha suscitado indignación...entre algunos miembros de a ONG, tanto musulmanes como crisitanos. “¿Cómo, recibir nuestros salarios de los intereses?... eso no está bien” .
La verdad es que quiero intentar ser comprensiva, y no me gustaría que nadie dejara el proyecto por debates morales... Ahora mismo estoy en proceso de análisis de las contradicciones en esa actitud reticente y opiniones religiosamente convencidas totalmente divergentes. La teoría en que se basa el rechazo moral del préstamo es la de no aprovechar los problemas y debilidades del otro para el enriquecimiento personal. Esa es una de las razones por la que el proyecto, desde un inicio no se plantea como una obra de acción social de solucionar los problemas de los más necesitados, sinó de mejorar sus condiciones de vida a través de ofrecerles la posibilidad de iniciar un proyecto económico. Nunca se ofrece únicamente un préstamo para cubrir necesidades, Naglaa (musulmana convencida) me comentaba que en ese caso, se intenta derivar a la persona necesitada hacia quien pueda ayudarla de una forma más “moral”, pero nunca con un préstamo. Así, que desde un inicio, el mismo planteamento del microcredito ya rehuye el principio que niega moralmente esta práctica, y a ello le podemos sumar que, obviamente, el interés que se pide a la persona, no sólo es mínimo, sinó que además no tiene ánimo de enriquecimiento, sinó permitir la simple prosecución natural del mismo proyecto para que pueda seguir beneficiando a otras personas.
El primer comentario de rechazo ha venido principalmente de una cristiana –por lo tanto se mezclan conceptos más culturales que religiosos, si no peco de ignorante sobre la religión cristiana ortodoxa (rama a la que pertenecen los coptos). Luego, de alguién que lleva trabajando en el proyecto de microcredito (por lo tanto ofreciendo los créditos) desde el principio. Esto último me hace dudar en que, si relamente es tan negativo lo de hacer préstamos, ¿no lo es en la misma medida ofrecerlo y facilitarlo como vivir de él? ¿Y qué decir de sus salarios acutales, que provienen de un programa de reconversión de la deuda que Egipto contrayó tiempo há y que aún está repagando, por lo tanto, en cierta manera involucrando conceptos varios de préstamos e intereses? He aquí nuevos dilemas morales... y nuevos conocimiento sobre esta cultura que me rodea, de la que no puedo generalizar ya que no se ponen ni si quiera deacuerdo entre ellos (vaya, como en España, no hace falta venir tan lejos para encontrar opiniones divergentes).
