Diario de abordo: Egipto

08 mayo 2006

UN CAMELLO EN SOHAG

Lo que son las cosas, volviendo de comprar queso para el almuerzo de media mañana en la oficina, de repente veo lo que aún me faltaba por ver en el Sohag: por la calle más transitada, una de las principales, Shara Gomhoreia –donde está mi oficina, en la sede de la contraparte egipcia-, a dos metros de la casa horrible del governador del Sohag y uno de las únicas joyas arquitectónicas de la ciudad, a mi parecer, -un palacio antiguo de una de las familias más poderosas de la ciudad-, paseándose tranquilamente... un camellero ¡!!seguido de su camello!!! Aquí hace falta enfatizar que lo que aquí vulgarmente se entiende por camello, no es otro que un dromedario... vaya, si no todos los camellos egipcios han perdido una joroba. En el Cairo me había abituado, en las afueras, a ver un camello de tanto en tanto; y en Sohag me he habituado a la normalidad con que condividen el asfalto, coches, transeúntes y burritos tirando de carros... pero en el centro aún no había visto camellos.

Hoy no se me ha ocurrido otra cosa que ponerme unos zapatos verdes que compré en Khan El-Khalili con calcetines verdes también. Han sido el hazmereir de toda la oficina todo el día, hasta que a la hora ya casi de irnos me han aconsejado provar sin calcetines (no eran los primeros, mi hermana ya lo había hecho en su momento). Aunque muy mejorada la cosa, han confesado que el verde era demasiado para unos zapatos y que ciertamente, como Domenico Antonello me recomendara en su día, era mejor no llevar mis coloridas combinaciones en ese país puesto que eran demasiado extremas. He confesado como estoy intentando hacerlo lo mejor que puedo –reprimir mis instintos-; la carcajada ha sido general... si realmente lo estoy intentando... no quieren ni verme en mi estado natural.

Como no, finalmente las clases de español empiezan a fallar. Hace dos días, después de casi un mes sin ellas, no habían hecho los deberes y mucho menos repasado. Hoy una alumna ha fallado y hemos optado por posponr la clase hasta poder ser los cuatro estudiantes habituales. En cambio he iniciado con una de las “alumnas”, la experta del sector de alfabetización del proyecto, clases precisamente de ese tema. Utilizando el libro que utilizan las mujeres analfabetas en los pueblos me he summergido así en el sistema de alfabetización egipcio. Realmente interesante. Lástima que este harta de empezar siempre con el árabe... ¡a ver si avanzo ya de una vez!

He bajado a comprar agua embotellada –bien de primera necesidad en este país para una estranjerita como yo-. He visto la parada de sandías y me he acordado que hace días que quería escribir sobre ello. Es un carro lleno de sandías, ya sin burro, anclado en la esquina de la calle que lleva a mi casa. Y lleva allí desde que llegue al Sohag... y hoy he comprendido que no se va a mover hasta que se acaben las sandías. No sé donde deben dormir sus dos vendedores, claramente “falajín[1]” de algún pueblo de las cercanías, por su tez curtida y galibeias roídas, con el turbante blanco y el chal por los hombros. Pero la parada, ahora a las 22h estaba completamente sola... y a salvo de hurtos. Cada noche hay las mismas sandías que cuando me levanto la noche anterior (bueno, no las he contado, pero se nota que nadie ha osado tocarlas). Así de confiados y honestos: cuando compré la mía no me quisieron cobrar el cuarto de guinea que me faltaba para la 3,25 libras porque no tenía billetes más pequeños de una libra... así que una sandía de tres kilos y pico por menos de medio euro... Y esta tarde cuando volvían de trabajar, estaban tranquilamente espanzurrados sobre unas manas, mientras esperan pacientemente al siguiente cliente que les acercará al día en que se puedan volver a su pueblo.

En cambio en el supermercado, el marketing de occidente ya ha hecho mella en esta zona del mundo. En mi tienda habitual, de cristianos apacibles y agradables –no afecta mucho el si son cristianso o no, más que para el día que optan para cerrar, pero a estas alturas ya me he contaminado y me veo haciendo especificaciones como ellos -, me esperaba una novedad: ¡una promoción! Un hombre con una mesita portátil ofrecía trozos de pan bimbo con un mejunge dulce para untar –sucedáneo de la crema de cacahuetes-. Sin estilo y sin mucho ojo muy comercial, te untaba la rebanada allí mismo, con una cuchara y te cortaba tanto trozo como le parecía, arbitrariamente (por ejemplo a mi me ha ofrecido los tres tercios de pan que había conseguido untar con la cucharada que había llenado). Además la oferta incluhía un sobrecito de ensalada tahína para listo para añadir el agua y comer. Interesante.

Creo que tengo a todos los hombres de la calle revolucionados... cuando me ven cargar con la caja de cartón llena de botellas de litro y medio de agua... Pero es que por principio no necesito que nadie me lo lleve hasta casa, y después de la última experiencia... no hoy que el chico me la había traido porque no se atrevío a gritar mi nombre por el balcón (es que no tengo interfono) y a las tantas tuve que volver a bajar a la tienda a ver que pasaba... y de nuevo, estar pendiente del balcón, porque, aunque no hubiese trabajo, el hombre no venía conmigo directamente, no... demasiado complicado. Creo que prefiero cargar la caja.

[1] Campesinos, gente de pueblo.

04 mayo 2006

La escorta policial es necesaria para los estranjeros que se quieren mover por el sur de Egipto, sobretodo en la zona de Sohag, donde los turistas son bichos raros.

Un trayecto que podria durar media hora, para visitar el templo de Abi-Douz, debido a los escortas y los relevos tardamos el doble.

Valio la pena porque el templo de Abi-Douz, un gran desconocido, pese a su abandono es sumamente interesante y conserva mucho material artistico importante. No se como no puede estar entre las visitas obligatorias en Egipto. Si solo invirtiesen un poco en su restauracion... Supongo que el principal motivo es que el la region de Sohag, pese a estar en el centro-sur de Egipto, se considera "la region mas lejana de Egipto"!!! Lo que son los medios de transporte...

03 mayo 2006

REGRESO A SOHAG

Llego a la estación de Sohag a las 5.30 am. Casi sucede lo que siempre más temo de este viaje nocturno: pasarme de parada. ¿Se puede saber como me las arrglaría para llegar a Sohag desde Qena, o peor, algún pueblecillo más pequeño, a esas horas intempestivas de la madrugada? De todas maneras creo que ahora lo conseguiría sufriendo menos de lo que lo hubiese hecho al inicio. Hace meses la idea me espaventaba tanto que no hubiese llegado nunca al punto que llegué esta vez: de estar dormida hasta justo el momento en que el tren paró en la estación, y grácias a mi instinto casi mágico, con el tiempo justo de abrir los ojos y preguntar: “Fi Sohag?”, “aiwa”, “Sohag hina, delwati?”... y volar por organizarme todos los bultos y bajar al andén.

Heni, el conductor de la ONG no me esperaba hasta las 6. ¿Qué hago? ¿Lo llamo o me arriesgo a pasar sola media hora, escrutada con atención -sin duda alguna- en esa oscura estación, llena de hombres? Bueno, le envio un mensaje y si lo lee... pues bien, si no, espero.

Decido hacerlo en la entrada principal. Mala opción. Se paran dos furgones de la policía delante. Un funcionario me indica que mejor me aparte, que ese no es lugar para esperar. Lo hago, me pongo a esperar en el primer andén. Desde allí observo como decenas de policías de kaki van bajando y formando desordenadamente en el hall central donde antes esperaba yo. En el centro acaban apareciendo con monos azules unos seis hombres esposados, que miran al suelo. Eso no me gusta nada. Llamo a Heni nerviosa. Está en camino.

De nuevo me indican que ese no es el mejor sitio para esperar, me muevo hacia un lado, lejos de esa situación surrealista... ¿van a trasportar a los presos más peligrosos de Sohag en tren? Deben serlo, como mínimo semi-peligrosos... ¡hay más de cuarenta policías y sólo hay seis presos! Heni todavía tarda un poco. Tengo tiempo de ver como llega el tren. No hay ningún vagón vacío... ¿pero dónde los van a poner? ¿con los demás pasajeros? Me alegro tanto de no estar en ese tren... la policía egipcia no me inspira mucha confianza, no su eficiencia... Sólo hace falta verlos formar, sin rigor, despistados, intentando seguir las indicaciones sin mucho éxito. Sé que hay pocos números de que pase algo, de que se intenten fugar o que alguién organice una masacre para rescatarlos... aún y así me alegro cuando Heni aparece para sacarme de la estación. Me alegro muho de haberlo hecho venir, en lugar de haberme hecho la valiente y coger un taxi, como las primeras veces, cuando me sabía mal hacerlo venir a esas horas, sin saber que esa tarea formaba parte de su contrato.

Sohag parece que no ha cambiado, pese al mes que he pasado fuera. Simplemente, de vuelta a casa hacia las 3 y media, después del trabajo, la calle está desierta. Nunca lo había estado a esas horas. Deduzco que es el calor. Es intenso y el sol pica... pero mucho me temo que aún puede ser peor, y que lo va a ser. Puedo preveer lo mal que me lo va a hacer pasar el calor de Said.

Eso me recuerda que no puedo llevar camiseta de manga corta. Por mucho que insista Mai que en como soy “cristiana”, entonces puedo; en primer lugar, como estrangera es mejor ir cubierta para pasar desapercibida (un poco al menos); en segundo lugar, no puedo llevar esas camisetas a menos que me depile los brazos, cosa que de momento no tengo intención de hacer (aunque tampoco la tenía para las cejas...). Mis brazos en camiseta corta aquí, serían tan horrendos para ellos –que consideran la depilación como parte de la higiéne básica- como horrendas serían mis piernas sin depilar con minifalda en Barcelona.

Eso me recuerda una conversa con una amiga que sale con un chico egipcio. Si inocentemente tu pareja te insinua (y es egipcio) que te quiere hacer una pregunta seria y esa es “¿Prefieres que me afeite?”, no te rías en su cara por lo que él pueda considerar serio. Porque entonces, cuando tu respondas, “tranquilo, estás muy sexy con barba”, entonces será él el que se tronche de risa. He aquí un buen ejemplo de mal entendido intercultural. Obviamente, si él es tu pareja con el que haces algo más que besaros... no se estará refiriendo precisamente al afeitado tradicional que conocemos mayormente en España, el de la cara. Curiosamente no he conseguido encontrar opiniones concordantes por lo que respeta a los hombres, pero –obviamente- clarísimo en las hembras, la depilación completa (y completa no se anda con chiquitas) es obligatoria desde la noche de bodas en adelante. De nuevo, vinculado a la higiene, la depilación es obligatoria para aquella (y según las versiones, también aquel) que mantiene relaciones sexuales.

Mañana es el cumpleaños de Hosni Mubarak, el sempieterno presidente de esta bendita república de Egipto. ¿Cuántos cumple? Es difícil de adivinar con tanta cirugía plástica, pero cuanto te enteras de que ya son 78, es inevitable la recurrente pregunta: ¿por qué los políticos no tienen edad de jubilación, como cualquier funcionario o hijo de vecino?